Estrategias ante la desinformación

Existe cierta tendencia popular a relacionar el fenómeno de las “fake news” como el eje sobre el que se fundamentan las estrategias de desinformación. Si ello fuera así, podríamos recurrir a la tecnología para poder detectar y eliminar un buen número de ellas. La tecnología existe y está demostrada y se ha aplicado en procesos tan sensibles como los electorales y contextos complejos como el colombiano. El resultado fue óptimo e incluso reconocido por los responsables de velar por el desarrollo de elecciones.

De igual forma, este fenómeno de las noticias falsas, aupadas por las nuevas tecnologías de la información, no hacen más que demostrar la poca capacidad de la ciudadanía media para discernir entre una noticia veraz y otra que no lo es. Pero ello no solo es por una falta de entrenamiento o por una escasa cultura crítica, la falta de tiempo o la atracción que nos supone creer en cuestiones inverosímiles. Estamos en un tiempo en el que la “navaja de Ockham” no está de moda.

Esta situación nos lleva hacia la tendencia y amplificación del denominado “sesgo de confirmación”, aquél que nos empuja a reforzar nuestros marcos mentales, nuestras prenociones y prejuicios.

Todo ello con un efecto multiplicador de la mano de los algoritmos de las redes sociales, siempre pendientes de nuestros gustos y tendencias para ofrecernos aquello con lo que nos sentimos cómodos y, por tanto, mantenernos como espectadores fieles de sus plataformas.

Ahora bien, centrar el problema de la desinformación en el problema de las noticias falsas sería un ejercicio meramente estético. El problema radica en que la desinformación no es un juego ni un entretenimiento perverso, tiene unos objetivos estratégicos, tratan de modificar la percepción del individuo para crear marcos mentales concretos y favorables a unos objetivos determinados. Para ello recurren a interpretaciones forzadas imposibles de detectar por ningún algoritmo donde la línea de la verdad objetiva es, como mínimo, difusa. De hecho, nos enfrentamos a un juego estratégico dónde lo que precisamente aparece siempre escondido es el objetivo perseguido y esta es la clave de bóveda para establecer estrategias óptimas para combatir la desinformación.

Fijémonos, estamos ante un juego estratégico en el que el campo de batalla es la comunicación como instrumento para cambiar la percepción de la persona, se trata de establecer cajas de resonancia cognitiva y comunicacional para entrar en un bucle de confirmación continua de los mismos referentes, ello multiplicado por el efecto secta de una socialización secundaria de la mano de los elementos inoculados en los marcos mentales buscados por un programa de ingeniería social preconcebido.

La estructura de las cajas de resonancia cognitivas -que afectan a los más diversos ámbitos sociales, políticos, económicos y empresariales- están basadas en escenarios de plausibilidad y sistema de coherencia. Esta coherencia solo responde a la estructura de los valores y prenociones inoculadas en los marcos mentales, en la interpretación sesgada de la realidad, en una deformación instrumental de los mensajes.

Entonces ¿cómo afrontar este tipo de estrategias? Básicamente en discernir entre los medios y los fines de la desinformación, hemos de entender qué en muchas ocasiones, la activación de instrumentos de desinformación están diseñados para lograr una respuesta que refuercen, precisamente, los objetivos que buscan.

Lo importante es la interpretación de los datos, y no los datos en sí mismo, lo relevante es discernir los objetivos subyacentes a las campañas de desinformación.

Hay que interpretar y conocer a los actores relevantes, tenemos que saber interpretar los tiempos.

Con ello podremos establecer una estrategia de comunicación, la activación de los instrumentos adecuados y la generación de contenidos que combatan los objetivos de las campañas de desinformación, evitando así caer en trampas dialécticas que están diseñadas como maniobras de distracción y refuerzo de falsas polarizaciones.

Tenemos que saber discernir entre el fenómeno y el noúmeno. Lo cierto es que contamos con la misma tecnología y acceso a la información, por lo tanto, si implementamos una defensa inteligente, con una mentalidad estratégica y haciendo de la verdad el centro de nuestra narrativa son batallas que podemos ganar.

Para finalizar, hemos de tener claro que existe una correlación entre la capacidad de influencia en la percepción de la sociedad y la viabilidad empresarial a medio y largo plazo, la autonomía de organizaciones empresariales y la gobernanza de estas. Estos instrumentos de la propaganda 2.0 se basan precisamente en dicha influencia a través de la distorsión comunicacional. Hay un talón de Aquiles en las empresas:  la capacidad de agentes externos de modificar la percepción de la sociedad respecto a los valores de las organizaciones y esto va mucho más allá de las estrategias de marca, las políticas reputacionales o las relaciones públicas.

Jose Rosiñol. Co-founder & Head of Strategy

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