Esos «locos años 20» que se avecinan

Establecer analogías con el pasado siempre es un ejercicio más de inventiva que de investigación, sin embargo, no deja de asombrarme los enormes paralelismos en algunos aspectos entre los inicios del siglo XX y el de nuestra contemporaneidad. Al igual que en los albores del siglo XX, nos encontramos ante profundos cambios científico/técnicos de cuyo alcance aún no somos del todo conscientes. Quizás deberíamos extraer ciertas lecciones de lo que ocurrió, pero en este caso, solo quiero referirme a aquellas que afectarán a las empresas y corporaciones. De las enseñanzas sociopolíticas podría redactarse un ensayo.

Como decía y como contexto general, nos encontramos ante un escenario afectado igualmente por cambios estructurales profundos junto a unos sistemas institucionales (utilizo la acepción sociológica del término) anclados en el pasado y unos marcos mentales aún sometidos a la zozobra de una enorme incertidumbre.

Antes de nada, habría que partir de una consideración: todo lo malo, acaba y lo importante es saber cuándo ha cambiado el ciclo, y a mi entender, eso ya ha ocurrido. Por lo que nuestros planteamientos estratégicos deben acomodarse a escenarios prospectivos reales y no caer en la creencia de la “profecía autocumplida” porque la realidad siempre es mucho más dura y persistente que cualquier idea por brillante que esta nos parezca (o se acomode a nuestro marco mental de confort).

Cuando me refería a cambios estructurales profundos y con externalidades aún por determinar, podemos referirnos a la automatización, a la transformación del mercado laboral, entender esa “nueva movilidad”, las disfunciones en los mercados financieros (nuevos players), la comunicación de masas, la transición ecológica y energética, etc. Como vemos, a este grado de incertidumbre, se une el provocado por la pandemia que ha acelerado y distorsionado algunas previsiones.

Pero ¿cómo se comportará la población a medida que sea consciente del fin del estado de excepcionalidad sanitario?

Básicamente, recurriendo a factores sicológicos y a los cambios en la cosmovisión (sensación de fragilidad y un enorme grado de incertidumbre) derivarán en un comportamiento más tendentes al hedonismo y a la satisfacción en el “aquí y ahora” (junto algún aumento de movimientos tendentes al misticismo).

Lo que nos depara el futuro es una sociedad dual, con una brecha entre personas con recursos de subsistencia y otras dedicadas al consumo como satisfacción personal. La adaptación de las empresas ante este escenario es fundamental si quieren alcanzar sus objetivos.

Jose Rosiñol. Head of Strategy. 

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